Mujeres Obsesionadas por un Hombre

Quiero compartir con ustedes un resumen que he preparado del mensaje Mujeres Obsesionadas por un Hombre escrito por Alejandra Stamateas de la Iglesia Presencia de Dios. Léelo no como quien lo lee pensando a qué amiga le pega todo esto, léelo buscando si hay en ti algún indicio de “una obsesión”. Y te doy esta recomendación porque sobre la obsesión, mi consejo es que NO menosprecies el tamaño de la misma, porque es algo que de no tratarse a tiempo,  sigue creciendo minando nuestra sanidad interior.

Les digo con mucha sinceridad que  cada día que pasa, y a medida que comparto con muchas mujeres he comprobado que hay una urgencia en que la mujer sane por dentro, hay una urgencia de que la mujer reconozca delante de Dios,  donde necesita restauración. Es la única vía que entiendo que puede llevarla a una vida plena.

Mujer tu vales mucho!!! y Dios te ha dotado de inmensurables dones, eres bella ante sus ojos, Dios te ha amado desde antes de tu nacimiento, toma valor y lucha para recuperar todo aquello que has perdido y que quiere robarte el lugar de paz y de bendición que se ha preparado para ti.

Espero que este mensaje sea de mucha edificación a tu vida.

Un abrazo en Cristo,
Aurín.

PD: Además de resumir he cambiado unos verbos de la forma en que se usan en Argentina a nuestro estilo,  para hacer más fácil tu lectura.



Mujeres obsesionadas por un hombre
(Primera Parte).

¿Cuántas se obsesionaron alguna vez con un hombre?
Diciendo cosas tales como: “Sí, lo quiero y es a ese al que quiero”,  ¿Y por qué no otro, si hay un montón?  “No, a ese” “…pero no te da bolilla”; “no importa, yo lo quiero a ese”, “pero ya te divorciaste, ¿para qué quieres volver con él?”, “no importa, quiero volver con él, ese es el hombre que quiero”.

¿Qué significa tener un amor obsesivo? Es querer tener a alguien y no poder, es tener una fijación dolorosa con esa persona, que te rechaza.

¿Por qué será que siempre las mujeres buscamos hombres malos?. Las mujeres siempre nos enamoramos de hombres malos. Están los buenos, que te llaman por teléfono, que te quieren, que te dan de todo, y tu eliges al malo: al golpeador, al chorro, al estafador; porque sientes algo por ese y dices cosas como: “yo lo voy a rescatar y lo voy a salvar.” Al bueno no tienes nada que rescatarle, porque el hombre es más bueno que el pan; entonces ya no hay emoción. “Yo quiero emoción, quiero temblar, es de adentro, quiero ir a la cárcel a llevarle algo, y tener esa experiencia.” ¡Claro! Por eso muchas mujeres se enamoran de hombres malos, porque eso las hace sentir heroicas.

Y hay mujeres que generalmente tienen amores obsesivos, que aman obsesivamente, a ese hombre que justamente las rechaza, o a ese hombre que es un imposible porque está casado –y está re-bien casado– es un hombre de ficción, alguien de la televisión; y tienen un amor obsesivo con ese de ficción, con ese personaje. 

Ese amor obsesivo siempre es un amor insaciable, porque la mujer obsesiva –que se obsesiona con esa persona– siempre le va a exigir más a esa persona: “quiero que estés más tiempo conmigo, quiero verte más seguido, quiero que hables por teléfono solo conmigo, quiero tenerte al lado las veinticuatro horas.” Y ese amor es insaciable  y es por esto,  que  justamente el otro rechaza a esa mujer, porque esta mujer es un barril sin fondo; y cuando encuentran a una mujer que es un barril sin fondo –que nada le conforma, que siempre emocionalmente necesita más, y necesita más– entonces, los hombres  huyen.

Lo que hace que el amor se vuelva obsesivo es el rechazo.

Para cualquier mujer normal –que esté en su sano juicio– cuando una pareja no va, ya está; se resigna: “la cosa no fue; no nos llevamos bien, nos peleamos”, o “él no me quiere” o “yo no lo quiero”; “ya está, terminó.” Pero para una mujer que tiene un amor obsesivo, ella va a decir: “esto tiene que funcionar sí o sí, tiene que funcionar; y yo voy a hacer lo que tenga que hacer para que este amor funcione.” ¿Se entiende la diferencia? Entonces, una mujer que es casada sana, interiormente va a decir: “si la relación no funciona, si él no me quiere, si él me rechaza, voy para otro lado; ya está, no hay nada más que hacer.” Pero para una mujer que está enferma, con una obsesión dice: “esto tiene que funcionar; aunque él me diga que no, la cosa va a funcionar; aunque él diga que ama a otra mujer, conmigo va a estar bien, y yo voy a hacer que me ame a mí, cueste lo que cueste.” Pero hoy te digo: “sánate nena; porque sino… fuiste y dejarás de ser!”.

Estas mujeres empiezan a elegir y a clasificar los mensajes de ese amor que tienen
. Por ejemplo: viene ese hombre, ella ya lo volvió loco –porque las obsesivas te vuelven loco–, lo llama por teléfono, lo persigue; entonces él le dice: “mira, la cosa no va más; no quiero que me llames más por teléfono; no te amo, no te quiero; eres  una mujer muy hermosa, pero ya no va; esto no va más” Y ella… ¿con qué se queda de todo ese discurso? “Eres  una mujer hermosa”; todo lo demás como que lo anuló, no existe. Le dijo: “no te aguanto, basta, no quiero saber nada más contigo”, pero ella se quedó con: “él me dijo que soy hermosa.” Seleccionó lo que a ella le iba a hacer bien, y para ella ese: “Eres  hermosa” es como la clave, la señal de que puede ocurrir algo más adelante, y que tiene que seguir luchando por ese amor.

Eso es lo que pasa con la obsesión: va tomando las partes que a ella le convienen y que cree que son como una señal de amor… “a me invitó a tomar un café, me re-ama”, porque las mujeres nos hacemos la cabeza enseguida; algo que nos dice un hombre y ya nos hacemos la película. No es solamente que te invitó a tomar un café porque quería decirte que le debías quinientos pesos y no se lo habías pagado; pero para ti, te invitó a tomar un café, y ya te ves con el vestido blanco de novia, te ves casada, en el hotel cinco estrellas… toda la historia. Porque somos de fantasear y de hacernos la película.

¿Y qué hace? Acosa; vive acosando… “quiero escuchar su voz, quiero llamarlo veinte veces por día”; lo llama veinte veces por teléfono, le envía doscientos cincuenta y cuatro mensajes de texto todo el tiempo, inventa que se le rompió algo en la casa para que él vaya y se lo arregle: “se me rompió la cañería, ven por favor,  a destaparme la cañería” para que él esté presente ahí, y le arregle la cañería. Inventa cosas: “me parece que en la puerta de mi casa hay un ladrón… ¿por qué no vienes a ver?” y lo hace levantar a las cinco de la mañana para ver si había un ladrón, para que él la tenga a ella en su mente todo el tiempo y que él esté pensando en ella todo el tiempo. Le hace regalos, lo va a buscar al trabajo, lo persigue si está con alguien… “a mi ex lo voy a perseguir por todos lados a ver con quién está”, porque está obsesionada con el ex, no porque lo ama sino porque tiene una fijación; no tiene algo que quiere, y ella quiere tener justo eso que no tiene. ¿Se entiende lo qué es un amor obsesivo?.

Y cuando ve que todo eso de mandarle cartitas, de ir al trabajo, de interrumpirlo, de meterse siempre en las conversaciones, de estar presente siempre donde está él, de mandarle mail… y le mandan mail, e inventan historias: “Tu que eres mi amor” y el otro por ahí le dice: “¿viniste a la reunión?”, “No, pero la próxima voy a ir”, “Ah, ¿viste que me estaba esperando?” Hacen toda una fantasía, de algo que no es; y cuando todo eso no le da resultado –porque la persona la sigue rechazando–.

Una persona normal, sana, la rechaza un par de veces y le dice: “basta, ya está; yo no me voy a dejar pisotear”; pero esta mujer enferma, al contrario,  la obsesión le crece más con el rechazo; y eso la motiva más para seguir detrás de ese hombre. Y cuando nada da resultado, ahí aparece el rencor con el amor –que no es amor en realidad–, juntan ese rencor y ese ‘supuesto amor’.

Leía de un muchacho –porque esto también pasa con hombres con respecto a mujeres–que la chica había terminado, y le dice: “ya no te quiero ver nunca más”, y este hombre –que tenía un amor obsesivo con esa chica– dijo: “a mí no me vas a decir que no, porque si formamos una pareja vamos a estar juntos hasta que nos muramos.” Entonces dice que entró ella a su trabajo y todos los empleados empezaron a mirarla y cuando entró a su oficina, en la oficina había como quinientos ramos de flores. Y dice… “¿quién me habrá mandado esto?” y cuando lee la tarjeta… ¡era su ex-novio! Y a ella le dio mucha bronca, porque ella ahora se veía obligada a llamarlo y decirle de todo, o él estaba pensando que iba a retornar el amor, pero a ella le dio bronca porque se sentía acosada. Y esto es lo que provoca el acoso en la otra persona: bronca. Si tu quieres  engancharte a alguien, no lo acoses nunca, porque la reacción es de bronca; entonces ese enojo comienza a tratar de vengarse, y ya puedes imaginarte lo mal que acabaran las cosas.

Y yo quiero decirte algo muy importante en esta tarde, antes de que vayamos a lo que más me interesa: que los actos de venganza, cada vez que tu te quieres vengar, la venganza lo único que manifiesta es un conflicto interno, pero nunca soluciona nada y nunca resuelve ese conflicto. Cuando tu  te quieres  vengar de alguien, lo único que estás demostrando es que hay una herida no sanada. Pero esa venganza no te va a sanar, esa venganza no te va hacer recuperar nada, esa venganza no te va a ayudar para nada; porque lo único que estás demostrando es que estás muy herida, y que quieres  seguir hiriendo a los demás. Y cuando hieres a los demás, lo único que logras es herirte a ti misma.

Huérfanas emocionales.

¿Qué le pasó a esta mujer que es obsesiva en el amor? , ¿Por qué una mujer se transforma en una mujer obsesiva con una persona específicamente? .

Generalmente las mujeres obsesivas en el amor vienen de familias que sintieron que sus papás no las amaron lo suficiente; sintieron, no es que no las hayan amado. Ellas percibieron que sus papás las abandonaron, que sus papás no le daban el amor que necesitaban, que sus papás se borraban cuando ella más necesitaba. Tienen una necesidad desesperada de amor, y van a buscar –en ese hombre que eligieron para su obsesión– restaurar ese final infeliz de su infancia, para darle un buen final.

Quieren darle un buen final y decir: “alguien me ama”, porque son mujeres que creen que no tienen derecho a ser amadas; por eso van a tratar de robar el amor de otra persona, cueste lo que cueste, quiera la otra persona o no quiera. A estas mujeres se la llaman ‘huérfanas emocionales’.

Alguien lo explicó así (y me gustó mucho la imagen): supongamos que hay una nenita de unos seis, siete años, que sale de su casa, y va a un bosque; y en el bosque se encuentra con un monstruo. La nena sale corriendo asustada, se va corriendo y comienza a golpear la puerta de su casa, donde están los que la quieren, los padres, los que la cuidan. En una casa normal, le abren la puerta, la abrazan y la contienen; viene tu hija y te dice: “¡mamá hay un monstruo, casi me ataca, estoy muerta de miedo!”; la abrazas, y le decís: “ya va a pasar, vamos a ver qué pasó…” y demás.

En el caso de estas mujeres que tienen un amor obsesivo más adelante, lo que les pasó es que salieron al bosque, encontraron al monstruo, se fueron corriendo a su casa, golpearon la puerta –debajo veían que había luz, que alguien había en la casa–, golpeaban, golpeaban, golpeaban la puerta, pero nunca nadie les abrióy ellas seguían golpeando la puerta pero nadie les abría; sentían abandono, descuido, falta de amor.  Y entonces esta mujer, cada vez que va a buscar a ese hombre, ese hombre es la puerta que está golpeando para que le dé amor, la cuide, la abrace y le diga: “está todo bien.” Y no va a soltarlo hasta que pueda conseguir de él ese amor que no tuvo en la infancia.

¿Fue claro, se entendió?
Si es tu caso te digo: “tienes que sanar tu vida interior.”.

Y esto es lo que le pasó a dos mujeres que aparecen en la Biblia; dos mujeres que nos pueden dejar muchísimas enseñanzas. Pero hoy vamos a dedicarnos especialmente a esto.

Leamos Génesis 29:30-35.

Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años. Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido.  Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Jehová que yo era menospreciada, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón.  Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos; por tanto, llamó su nombre Leví. Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Jehová; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz.

Raquel y Lea son dos hermanas. Dice que Lea era una mujer no muy linda, tenía problemas en los ojos; dice en una versión que sus ojos eran lagañosos, otra dice que los ojos eran débiles, o bizca, o algo le pasaría, algo tenía Lea. Porque cuando en la Biblia hay un comentario así, quiere demostrar que realmente Lea no era una mujer agraciada.

En cambio dice que Raquel era una mujer hermosa; la hermana era hermosa. Dice que Raquel era hermosa; y que cuando Jacob la ve,  a Raquel,  se enamora de ella, y le dice al suegro: “voy a trabajar siete años para casarme con tu hija Raquel.” Él trabaja siete años y cuando viene el momento del casamiento, el suegro en lugar de darle a Raquel, le da a la más fea; le cambia gato por liebre, la cubre toda, la oculta; y cuando va a la noche a acostarse –este hombre… no ve a la mujer con que  se acostaba–, Jacob dice: “es una mujer; mmmm, debe ser Raquel…”, ni se fijó, ni le sacó nada; tuvo sexo. Y a la mañana se despierta y se da cuenta que se había dormido con la fea. Y ahí se quería morir, no sabía cómo hacer; se había acostado con la fea, y él amaba a Raquel.

Y acá vemos dos mujeres que tienen una obsesión; ahora vamos a ver por qué las dos tienen una obsesión.

Cuando el hombre tiene que trabajar siete años más por Raquel –lean la historia–, Jacob se encuentra con dos esposas; era vivo el hombre: con Lea y con Raquel estaba. Y dice que Lea no era amada por Jacob. Entonces, ¿cuál era la obsesión de Lea?: que Jacob la amara; su obsesión era el amor de Jacob. Y entonces dice que, para que Jacob la mirara y la amara, empieza a tener hijos. Y tiene uno, otro, tiene otro, tiene otro; y cada vez que nacía uno, decía: “ahora sí Jacob me va a amar; ahora sí Jacob se va a fijar en mí; porque le estoy dando los hijos que tanto quiere.” Su obsesión era Jacob.

Pero tenemos a la otra hermana, Raquel, que era hermosa y a la que Jacob amaba con locura –fue el amor de su vida Raquel, fue el amor de la vida de Jacob–, pero a Raquel lo único que le interesaba era tener hijos, porque no podía tener hijos. O sea: lo que amaba una la otra lo rechazaba; y lo que una no quería, la otra lo amaba.  Lea quería a Jacob pero tenía hijos; a Raquel no le interesaba Jacob, pero no podía tener hijos y quería tener hijos. Porque la obsesión aparece muchas veces cuando no tienes eso que tanto quieres; y ahí, cuando se transforma el deseo, se enferma; es cuando se transforma en una obsesión.

A Raquel como a Lea, se las conoce en la historia bíblica, no por la obsesión que tenían, sino que la identificación que se les dio era por lo que sí tenían, pero no podían reconocer en ellas mismas. La identidad y el reconocimiento de Raquel y de Lea no vino por lo que querían tener, sino por lo que tenían; pero que ellas no podían reconocerlo en ellas mismas.

Tal vez tu estás obsesionada con algo, obsesionada con un hombre, obsesionada con una situación, obsesionada con un objeto; y Dios te dice: “tu éxito en la vida va a venir por lo que Tienes, no por lo que te estás obsesionando.” ¿Qué cosas te obsesionan hoy que no yienes y estás desesperada por conseguir? Dios te dice: “tu identidad y tu éxito van a venir por lo que yo ya te di, no por lo que no tienes; tienes que empezar a recuperar, a reconocer y a valorizar lo que sí tienes”.

Lea tuvo muchísimos hijos, y a Lea se la reconoció como la fundadora de una nación, porque a partir de ella las familias de Israel empezaron a ser numerosas. No se la reconoció por el amor de Jacob, que era lo que ella quería; se la reconoció por lo que sí podía hacer, que era parir hijos. Daba a luz sus sueños, pero su obsesión estaba en un hombre que nunca la iba a amar, y que nunca la amó.

Raquel fue reconocida como el gran amor de Jacob, como la mujer dulce que fue amada por el gran padre, por el patriarca, y no por los hijos que tuvo.

Para ver la segunda parte de este mensaje, búscalo en la Sesión Notas del Mensaje Pastora en www.aurinrodriguez.org.

Dios te bendiga mucho en este día y siempre!!
Aurín Rodríguez.

Recuerda este mensaje fue escrito por Alejandra Stamateas y si el mismo  te ayudó, envíale tus comentarios a iglesia@presenciadedios.com

Compartir
 
^ Ir arriba << Volver  
 
 
Andrea Alvarez, Venezuela
Muchas gracias por la info. Me ayudo mucho... :)
Carlos Enrique, Arequipa
Auque no sea muy religioso , pero yo respeto mucho la religion , te agradesco por este articulo ya que me lleno de mucha informacion , oh gracias , :)

 
Nombre:
Ubicación:
Comentario:
(500 caracteres restantes.)
 
Clave de Seguridad: