UN CORAZON AGRADABLE A DIOS

Un corazón agradable a Dios el  arma más poderosa en tú batalla


Tenemos una guerra abierta con el enemigo de nuestras almas y la principal arma con la que lucharemos para vencer en esta batalla,  es con un corazón agradable a Dios. Un corazón recto que no contriste al Espíritu Santo, para que su poder opere con libertad en nosotros(1) y a través de nosotros. Un corazón que pueda  decir: “No es con espada, no es con fuerza es con tu Santo Espíritu”.


Es por esta razón que el enemigo hará todo lo posible para dañar nuestro corazón a través de artimañas y engaños.  A continuación quiero que veamos algunas de  estas artimañas, para que nos cuidemos de caer en sus trampas.



a) El rechazo : El rechazo quebranta el corazón. Cuando somos rechazados por otros esto quebranta nuestros corazones, lo deja en pedazos, lo divide  incapacitándolo y debilitándolo. Pero en nuestra debilidad Jesús se hace fuerte, Él puede compadecerse de ti cuando eres rechazado y levantarte del rechazo porque Él mismo padeció el rechazo. Jesús es varón experimentando en dolor,  fue rechazado sin embargo no dejó que el rechazo le detuviera en el propósito de su vida, Él murió al yo, murió al rechazo y fue resucitado.


Eres hij@ de Dios, has venido a Cristo eres parte de su cuerpo, de su iglesia, por tanto quien te rechaza le rechaza a Él.


 El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.Lucas 10:16



b) La traición: La traición viene como el arma que mata el amor, no podemos permitir que el amor se apague en nuestras vidas y en nuestro caminar. El motor que mueve la fe es el Amor. “La fe obra por el amor”.


Lo que nos acontece no nos arruina, sino la respuesta incorrecta que decidimos tomar.


Pedro negó tres veces a Jesús pero este le pago con amor. Creo que hay muchas millas que vamos a caminar con la túnica del que nos ha ofendido, solo así podremos  defender nuestro corazón de la traición.


y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo Mateo 24: 11 


c) El enojo: Basta con mirar los siguientes versos para darnos cuenta de cómo un corazón enojado se aleja de lo que nos señala La palabra.


Proverbios 14: 17
El que fácilmente se enoja hará locuras;
Proverbios 19:11 La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.
Eclesiastés  7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
Santiago 1: 19-20 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;  porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.  

Esto último quiere decir que no puede ocurrir que Dios se ponga en nuestro lugar para afrontar distintas situaciones. Su justicia se basa en que fuimos justificados porque Él se puso en nuestro lugar.


d) El ser impacientes con el tiempo de Dios:  La impaciencia no debe habitar en nuestros corazones, mucho menos la impaciencia acerca de los tiempos de Dios para nuestra vida. Tenemos que vivir confiados como el salmista lo estaba ( Salmo 31:14- 15) en que el tiempo idóneo para cada cosa que esperamos, es el tiempo que ha señalado Dios.


Mas yo en ti confío, OH Jehová; Digo: Tú eres mi Dios.   En tu mano están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Salmos 31: 14-15

2 Pedro 3:8
Mas, OH amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

La impaciencia puede movernos a hacer lo incorrecto delante de los ojos de Dios.

La impaciencia tiene un solo objetivo y es hacer que nos desalentemos, que perdamos la esperanza de alcanzar las promesas de Dios en nuestras vidas.


Gálatas 6:9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

 

Dios te bendiga mucho hoy, Aurín Rodríguez.

(1) Es el Espíritu Santo el poder que opera en nosotros veamos Efesios 1:19-20 : “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra”.

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